Ojalá supiéramos dónde estamos y quiénes somos

Ojalá supiéramos dónde estamos y quiénes somos

El gran enemigo de México y su sociedad son los absolutos. Siempre, nada, nunca, todo, jamás, ninguno, son palabras que aentan contra nosotros, más frecuentemente de lo que nos damos cuenta y de lo que quisiéramos.

¿La selección mexicana jugó razonablemente bien el domingo? Sin duda. Lo hizo gallardamente, con sus recursos, que no eran menores y con el alma propia y aquella que les acompañó durante los 5 juegos iniciales. Esa, la de la afición que se convirtió en una sola voz por encima de fifis y sillas, como dijo el Checo Pérez, en un muy afortunado video, la misma noche del domingo, durante un breve momento ya a pesar de las intenciones de nuestro gobierno por más de 7 años.

Muy pronto, sin embargo, aparecieron los comentarios de un grupo de opinadores y miembros de distintos gremios relacionados con el deporte del fútbol y de la sociedad, que sentenciaban: como suele suceder, jugamos para ganar y perdimos como “siempre”. O aquel otro de: La selección jugo bien, pero “nunca” realmente tiene lo necesario para ganar. Más aún, cuando llega tan lejos, es porque ya se arreglaron con la FIFA o porque el gobierno le pagó a los árbitros, para favorecer a la selección y dar la impresión de que hemos avanzado o de que este país está mejor. En fin.

Y en ese contexto, me pregunto cómo es que hemos llegado a ser la 15 economía del mundo; el mayor exportador a EUA ya domina la escena política y económica de Latinoamérica. ¿Cómo hemos hecho para tener premios nobel, cómo hemos logrado ser la selección número 9 del mundo (en un universo de más de 130) cómo hemos logrado ser innovadores, productores de cine destacados, miembros notables de la comunidad científica y tantos otros logros y en lugares en los que nos destacamos como país, sociedad y como mexicanos sencillamente?

No encuentro respuesta fácil. Los mexicanos, somos los peores enemigos de los mexicanos. El éxito de MORENA, por ejemplo, está cimentado, en una buena parte, detrás de la creencia de que ningún empresario es honesto y que quien ha hecho dinero y riqueza en México, se debe a una transa, a una venta de sus principios o a un arreglo con el poder. Ningún político que no sea de MORENA está limpio, porque los que están con MORENA son de verdad de los honestos, por decreto de AMLO o de los líderes de ese partido. La creencia es tan ciega, que muestra el alcance de la contradicción de lo que quiero mostrar. Es tan corrupta la política morenista y una buena parte de sus liderazgos, que sólo en la fe irracional sostienen sus dichos. Lo demás es vil invento, o quimera insostenible.

A tal punto llega el asunto, que el presidente se puede montar en una locura como la de sacrificar al T-MEC o la relación con nuestro socio comercial principal, sólo por sostener una ridícula posición ideológica.

Al gritar pruebas, de lo que se acusa a su partido, el presidente sólo ratifica una máxima: que de lo que se trata es de seguir repitiendo una visión pueril, mediocre y que conviene a los que están en el poder en este momento: la de que en nuestro país nada se puede explicar por esfuerzo y honestidad propia: algún arreglo hubo en lo oscuro. Para algunos, la selección no jugó tan bien y le falto arreglarse con alguien más o con algo más. A mí me bastan los más de 105 minutos de la noche del domingo, para estar convencido de que hay una nueva generación en México que sabrá hacer su trabajo con un esfuerzo propio y gracias a un tesón personal y con ello el colectivo. No puede olvidarse: el domingo nos coronamos como la 9 selección del mundo en medio de más de 130 selecciones, vale la pena tenerlo claro, pues eso somos y ahí estamos, es muy valioso. Nada más, pero nada menos también.

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