¡Contrahegemonía, ya!

¡Contrahegemonía, ya!

La filósofa y teórica crítica Nancy Fraser lleva años intentando responder una pregunta incómoda: ¿por qué la derecha populista está logrando capitalizar mucho mejor que las izquierdas el descrédito del neoliberalismo? Su libro ¡Contrahegemonía, ya! Por un populismo progresista que enfrente al neoliberalismo (Siglo XXI, 2023) es una intervención que busca ordenar el desconcierto ideológico del presente y convertir esa pregunta en un programa político.

Fraser propone dos ejes para cartografiar el campo de batalla contemporáneo. El primero es el eje económico: en un extremo está el neoliberalismo, un modelo que desmanteló las promesas igualitarias de la posguerra a golpe de privatizaciones y en nombre del individualismo meritocrático; en el otro extremo está el populismo, un esquema que prioriza la redistribución de la riqueza y el control democrático de los mercados. El segundo eje es el cultural: en un polo están los progresistas que defienden la igualdad de género, raza y orientación sexual; en el otro están los reaccionarios que buscan restaurar viejos roles, tradiciones, jerarquías.

De la intersección entre ambos ejes surgen cuatro cuadrantes: el neoliberal progresista (con líderes como los Clinton u Obama), el populista reaccionario (representado por Trump), el neoliberal reaccionario (las viejas derechas de Reagan o los Bush) y el populista progresista (la promesa que han encarnado figuras como Sanders, Ocasio-Cortez o, ahora, Mamdani).

El argumento central de Fraser es que la crisis de la hegemonía neoliberal dejó el campo abierto a los populismos reaccionarios porque el neoliberalismo progresista produjo una mezcla tóxica: una izquierda moralmente ilustrada pero socialmente insensible, que vistió el abandono de la lucha por la distribución con el vistoso ropaje del reconocimiento de la diversidad y, al hacerlo, normalizó la desigualdad desvirtuando los derechos. Ese cortocircuito explica que el malestar haya sido capturado por quienes ofrecían una revancha excluyente en lugar de una emancipación inclusiva.

Pero el futuro no está sólo en diagnosticar sino en resistir al populismo reaccionario, construyendo las bases para un bloque hegemónico anclado en el populismo progresista. Su horizonte es una contrahegemonía capaz de integrar las luchas por el reconocimiento y la redistribución en una alianza mayoritaria: feminista, ecológica, obrera, antirracista. Una coalición que no moraliza el conflicto, sino que lo político.

Hay, sin embargo, riesgos que ¡Contrahegemonía ya! no se plantea. ¿Cómo articular ese bloque contrahegemónico sin caer en las tentaciones autoritarias ni repetir los reflejos paternalistas de las viejas izquierdas? ¿Cómo evitar que la concentración de poder engendre corrupción? Fraser no lo responde. Lo suyo no es un manual de estrategias ni consignas: es un marco teórico para pensar lo que puede venir después del neoliberalismo. Más que una utopía, es un llamado a organizar la esperanza antes de que el resentimiento termine de desorganizarla.

POR CARLOS BRAVO REGIDOR

COLABORADORA

@carlosbravoreg

MAAZ

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