Viejos Letreros: el nuevo sello editorial de quienes tienen todo por decir

Viejos Letreros: el nuevo sello editorial de quienes tienen todo por decir

“Nosotros somos unos viejos que teníamos tres novelas y decidimos que queríamos publicarlas, y no teníamos la paciencia para estar esperando a ver que una editorial nos publicara, o encontrar algún otro camino, y decidimos fundar una editorial.”.

Esta es la historia, a trazo grueso, de Luis, Jorge y Fernando, fundadores de Viejos Letreros, un sello editorial que anunció su lanzamiento en la pasada Feria Internacional del Libro de Coyoacán, con tres títulos que inauguran su catálogo: Después de los días repetidos, de Luis Ortiz, quien accede a esta charla con El Economista; Los tiempos de Luz, de Jorge Landa; y Mi Lola del alma, de Fernando Ortiz.

En el ecosistema editorial mexicano, donde las apuestas suelen centrarse en autores jóvenes con potencial de “marca” a largo plazo, nace esta iniciativa que rompe el molde por pura necesidad y pasión: Viejos Letreros no busca ser incluyente, al contrario, es orgullosamente excluyente: para publicar aquí, hay que haber cruzado la barrera de los 60 años.

“El nombre del sello es un poco obvio, igual que el taquero se dedica a hacer tacos y el panadero se dedica a hacer pan, nosotros, que trabajamos con las letras, asumimos que somos letreros, y lo de viejos, pues, porque somos viejos.”, explica Luis Ortiz con franqueza.

Una editorial excluyente

Además, en un mercado editorial tan caprichoso y competido, posicionarse sin nombres que remitan a bestsellers requiere de encontrar un buen nicho y un diferenciador.

“Normalmente buscas el precio, o buscas ubicación, o buscas muchos factores. Nosotros no podríamos, el precio no es lo lógico para competir con una editorial, ni la ubicación, porque no tenemos una ubicación. Entonces decidimos hacer una editorial que fuera excluyente, a diferencia de todos los demás que pretenden ser incluidos. Nosotros le pedimos a la gente que tenga arriba de 60 años para publicar”.

Con esta declaración de principios, los Viejos Letreros se lanzaron al mar de los libros. Tras décadas de trabajo en la producción de televisión, la abogacía y la animación por computadora, estos tres socios decidieron que no tenían tiempo para esperar los turnos de la industria tradicional y que tenían mucho qué decir.

Aunque los tres son primerizos en el negocio editorial, tienen claro de qué tamaño es el mercado y quién es su público meta.

“Nos hemos dado cuenta que en ese 15% de la población que ahora somos los mayores de 60 años, hay muchísima gente que quiere publicar, y no precisamente sus memorias, repetamos mucho a quien quiera hacerlo, pero nosotros, por ejemplo, no intentamos escribir memorias, nuestra intención es básicamente regresar a la esencia de la literatura, escribir historias divertidas y conmovedoras.”, declara Ortiz.

A Luis tampoco le tiembla la voz para decir que no escriben literatura para viejos. Y asegura: “No estamos escribiendo para viejos, escribimos desde la posición de viejos, porque eso es lo que somos. Uno no puede escribir más allá de lo que uno es, pero nuestra intención es que las novelas sean para todo el mundo.”.

Aquí abrimos un paréntesis en la conversación para solazarnos rememorando a aquellos Premios Nobel que escribieron sus obras cumbre hacia la tercera edad. José Saramago, por ejemplo, quien tenía 73 años cuando escribió Ensayo sobre la ceguera; también con 73 años, Ernest Hemingway se consagró con El viejo y el mar, y Mario Vargas Llosa publicó La Fiesta del Chivo a los 65 años.

“A esta edad tienes otra actitud ante la vida (…) muchísima gente de nuestra edad tiene el tiempo, tiene la actitud y quiere publicar. Yo creo que los viejos tenemos muchísimas cosas que contar y todavía tenemos una imaginación muy grande. Somos capaces y tenemos el tiempo, la imaginación y la experiencia.”, sostiene.

El reto de los lectores

Captar lectores siempre es un reto, pero mucho más cuando no hay un aparato de marketing detrás y los lectores son más bien escasos. Sin embargo, Luis Ortiz confía en el boca a boca, en ir abriendo espacio en plataformas digitales, “ya estamos en Amazon y en Kindle”, dice, y físicamente en las librerías En un lugar de La Mancha y están en negociaciones con El Péndulo, librerías Gandhi y tiendas Sanborns.

“Soy un convencido de que leer es divertísimo. Yo les digo a mis hijos, lee, porque si tú eres lector, nunca te vas a aburrir en la vida. Y ahora hay un chorro de chavos aburridos, que ya no encontraron nada en la tele, que ya no encontraron nada en su teléfono, y leer siempre es divertido”, asegura.

El tríptico de lanzamiento

Viejos Letreros debuta con tres propuestas que demuestran la diversidad de intereses de sus fundadores:

Los tiempos de Luz (Jorge Landa): Un recorrido por la vida de una mujer mexicana desde finales del siglo XIX hasta los albores del XXI.

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Mi Lola del alma (Fernando Ortiz): Una ambiciosa narrativa que utiliza la Carrera Panamericana de 1952 como telón de fondo para una historia de pasión automotriz y humana.

Después de los días repetidos (Luis Ortiz): Un thriller ambientado en Oaxaca que mezcla viudez, venganza y política con un ritmo que ya cosecha elogios más allá del círculo familiar.

“No sólo mi mamá y mis hermanos dicen que es muy buena novela, sino más gente dice que es una buena novela. Más gente, mucha más gente, afortunadamente”, dice Luis, para reírse del cliché.

Viejos Letreros nos recuerda que la lectura es, ante todo, un refugio contra el aburrimiento. En un mundo de distracciones efímeras, estos “viejos” nos invitan a sentarnos, a abrir un libro y descubrir que la imaginación no tiene fecha de caducidad.

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