Inteligencia Artificial (IA) y la formación universitaria
En agosto pasado, una alumna de la Facultad de Odontología de la UNAM promovió el juicio de amparo 1326/2025 para impugnar la suspensión de cuatro meses que le impuso el Tribunal Universitario, derivada de la imputación de haber utilizado IA en un examen. Este precedente judicial resulta relevante, ya que implicó una valoración por parte de una jueza federal para determinar si existían elementos suficientes que permitieran acreditar el uso indebido de IA.
Al respecto, es importante aclarar que el estudiante obtuvo el amparo no porque la jueza hubiera permitido el uso de ChatGPT para resolver el examen, sino porque el Tribunal Universitario la sancionó por una conducta concreta y dicha autoridad no logró acreditar, con las pruebas que disponía, el uso de IA en esa evaluación. Así, el problema radicó en la falta de motivación y de prueba, no en la validación del uso de IA en los exámenes.
Este caso pone en evidencia un problema mayor: el uso de la IA en la educación superior en México. Si bien su utilización puede constituir una falta a la integridad académica, resulta inevitable preguntarse:¿Cómo hacen hoy las universidades para detectar su uso?En el amparo referido, la alumna argumentó que no existían lineamientos claros ni una prohibición expresa respecto del uso de esta herramienta tecnológica.
Actualmente, en México no existe una adopción uniforme o reglas claras para el uso de la IA en las instituciones académicas. Algunas herramientas utilizan comoNavegador Respondus LockDownyMonitorear la respuestapara la supervisión automática de solicitudes en línea, así como programas comoTurnitínmiiThenticarpara detectar plagio en los textos digitales. No obstante, según la propia UNAM, estos detectores pueden generar falsos positivos de entre 30% y 70%. Por ello, más allá de la tecnología, lo que realmente sigue siendo determinante es la existencia de evidencia objetiva.
En este contexto, resulta indispensable que las instituciones de educación superior cuenten con lineamientos específicos que permitan validar la legalidad de las disciplinarias en los casos en que se alegue el uso de IA. De lo contrario, difícilmente podría imponerse una consecuencia válida sin una normatividad previa y sin pruebas suficientes.
Además, habría que replantear la forma en que se evalúa al alumnado, así como la proporcionalidad de las medidas que se adoptan frente al uso de la IA. No se trata de prohibir su uso de manera absoluta, sino de avanzar hacia una integración responsable, ética y regulada en los procesos de enseñanza.
Será necesario revisar los métodos de evaluación para lograr una valoración auténtica del aprendizaje. Entre las alternativas que ya se discuten se encuentran los exámenes orales, el bloqueo de navegadores, las pruebas en tiempo real e incluso la aplicación de evaluaciones en espacios sin acceso a internet, pues el objetivo final es comprobar lo que el alumno realmente ha aprendido.
POR HILDA NUCCI
COLABORADORA
@HILNUCCI
ZEE



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